Leopardos y Humanos

Leopardos y Humanos

Leopardos y Humanos

Leopardos en la cultura humana

El encuentro entre leopardos y humanos debió sorprender a estos últimos, al ver una especie fuerte, ágil e imponente. A partir de entonces ha formado parte de la cultura humana como animal de compañía, figura artística y mitológica, símbolo del poder y hasta como criatura peligrosa.

Las más antiguas representaciones pictóricas del leopardo tienen alrededor de 9,000 años, así que los seres humanos del Neolítico conocían muy bien al felino. En la antigua China se le creía la representación del dios Chi y se le llamaba Pao. En el Antiguo Egipto era más popular: se le representó en pinturas portando una correa sujetada por un líder y ofrecido como ofrenda al visir del faraón Tutmosis III, Rekhmire, y fue relacionado con el dios Osiris. Los antiguos griegos asociaban al leopardo con su dios Dioniso, y muchas veces ambos fueron retratados juntos, el dios montando al felino o bien vistiendo su piel.

En tierras africanas los leopardos fueron animales totémicos para algunas tribus, es decir, se consideraron emblema de una persona o tribu, y también se le creyó el cuerpo a donde iban las almas de los muertos. Durante el Renacimiento en Italia, la familia Médici adoptó al leopardo como su emblema e incluso a varios de ellos como animales de compañía.

Así como los leones y otros felinos, algunos leopardos fueron mantenidos en las llamadas “casas de fieras”, precursoras de los modernos zoológicos, como la que se localizó en la Torre de Londres. Su cautiverio en dicho recinto data del siglo XIII. En 1235 el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico II obsequió 3 leopardos al rey Enrique III de Inglaterra.

Es también un animal utilizado en la heráldica. Su figura es común en blasones y escudos de armas de familias, colonias y hasta países como hasta ahora lo es en Benín, Somalia y Gabón.

La cultura popular contemporánea ha sido poco prolífica en el número de leopardos presentes en literatura, cine, televisión, dibujos animados, etcétera. Pero algunos de los que pueden mencionarse con Sabor, el felino que ultimó a los padres de Tarzán (Tarzan) en la historia homónima, Bagheera, un leopardo melánico que aparece en las versiones de El libro de la selva, (The jungle book) y Phango, un leopardo malvado de la película Khumba.

Aún en la actualidad los gobernantes y guerreros de las tribus de África y Asia valoran la hermosa piel del leopardo y la usan como símbolo de honor y valentía, mientras que algunos curanderos señalan que es excelente contra malos augurios.

Los problemas de la interacción humano-leopardo

Ya ves que la piel, o mejor dicho, el pelaje del leopardo es codiciado por el hombre, pero esto implica su caza para obtenerla. Desde hace mucho tiempo esta práctica ha sido llevada a cabo para confeccionar abrigos, túnicas ceremoniales y otras prendas de vestir pero también sus bigotes, sus garras, sus colas y sus huesos han sido demandados. Los sacerdotes egipcios e incluso los acaudalados hombres del no tan lejano Renacimiento usaban las pieles con fines religiosos o simplemente decorativos.

En África y el sur de Asia fueron entrenados para luchar contra otros feroces animales y con el hombre, el cual armado, podía causar su dolorosa muerte. Por otra parte, hasta hace unas décadas atrás las personas criaron híbridos de leopardos con otros felinos: de su unión con tigres, pumas, jaguares y leones nació el leguar, el pumapardo, el leopón, el tigardo, el jagulep y otras variantes. Algunos híbridos resultan estériles y mueren muy jóvenes.

La manipulación humana sobre la especie es la amenaza más importante que enfrenta en la actualidad. En ciertas ocasiones, el conflicto con los seres humanos que invaden el hábitat del leopardo toma otro cariz cuando es el animal el que ataca al hombre para alimentarse. Se le ha llamado “come-hombres”, pero se trata únicamente de un animal que sigue su instinto.

En el presente se trabaja para mejorar las condiciones del leopardo y en buscar soluciones a los conflictos que se han suscitado sobre todo en la India, donde los leopardos y otros animales están más cerca del hombre al invadir éste su hábitat u orillar a las especies a acercarse hacia los asentamientos humanos.